UNA HISTORIA FAMILIAR ...

Somos una bodega puramente familiar, viticultores hasta la médula y vinificadores de viñas. El origen de Casar de Burbia se debe a Nemesio Fernández Bruña, nuestro padre y primera generación de la bodega. Nos gusta rememorar su primer recuerdo en una bodega.

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Como era costumbre, a los chiquillos de la zona se les tenía encomendada la limpieza de los tinos de barro. Lo hacían porque sólo ellos eran capaces de entrar por las estrecheces de la boca. Allí dentro, al tiempo que se afanaba por dejar impoluta la tina, se entretenía cantando y jugando a descubrir la reverberación que su voz dejaba dentro del tino. Podríamos decir que este ha sido su primer recuerdo del mundo del vino y el que más marcado le dejó, con una mezcla de nostalgia y cariño.

1943

1975

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Muchos años más tarde, en 1989, decide hacer su sueño realidad y empieza a adquirir viñedos viejos en el Bierzo. Obsesionado por al altitud y la frescura, su apuesta se centra en la búsqueda de parcelas de montaña, zona que en aquella época todo el mundo abandonaba por el elevado coste de producción de la uva y el bajo precio de venta de la misma.

1989

1998

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Así es como hoy en Casar de Burbia podemos presumir de un patrimonio repartido en 52 parcelas que suman un total de 27 hectáreas. En 1998 vio la luz nuestra primera cosecha embotellada con nuestro sello. Desde entonces, a lo largo de cada ciclo vegetativo hemos querido aprender y evolucionar.

94 Puntos Peñín

2020

Historia de Casar de Burbia

SEGUNDA GENERACIÓN

Los relevos generacionales en pequeñas bodegas no suelen tener un fecha concreta. El traspaso se va dando poco a poco a medida que la familia va involucrándose en los quehaceres cotidianos. Isidro Fernández, el pequeño de los tres hijos de Nemesio, fue el encargado de ir recogiendo el testigo, inicialmente como asesor de viña donde siempre se encontraba su padre y poco a poco en todas las demás áreas, como enología y comercialización. Isidro Fernández ha impulsado y desarrollado cada vez más las labores de viticultura, apoyándose en Fermín Uría, ingeniero químico y licenciado en enología, hijo del que fuera fundador de Dominio de Tares.